Reconciliación

sábado, 28 de febrero de 2009


Caminaste conmigo durante mucho tiempo sin que pudiera siquiera verte. Te sentía como una escurridiza sombra fría que helaba mi espalda, perturbaba mi sueño, e inquietaba mi corazón, bloqueando mis pasos y mis labios.
Un día por fin me armé de valor. Bendita paradoja. Me paré en seco y decidí volverme, mirarte a la cara. Descubrí tu semblante maestro, amigo, aliado que me miraba con ternura y comprensión.
Y lloré, confusa, perdida...aliviada al fin.
Me tendiste tu mano amiga, y yo la tomé convencida.
Me pesa haberte tratado con desprecio, con antipatía, con dureza, con indiferencia a veces, intentando anularte, intentando hacer que no existías, que eras un error en mi vida.
Siento no haber buscado tu mano antes, siento no haberte abierto mi corazón y arropado para compartir contigo este amor que nos ilumina, que nos da calor y nos reconcilia por fin después de tantos años de enemistad ignorante.
Amigo miedo, gracias por tu amor incondicional, gracias por tu ayuda maestra, gracias por ser mi amigo...

2 comentarios:

Monelle/Carmen dijo...

Siempre es bueno mirar los temores de frente, no darles la espalda y en tu escrito lo has expresado muy bien, todos llevamos a ese amigo junto a nosotros pero no todos se atreven a mirarlo a la cara y conocerlo para tomar conciencia de él y vencerlo. Muy buen texto, de los que te hacen reflexionar.
Besos.
Carmen

Clematide dijo...

Gracias, Carmen. Es como tú dices. En este momento aspiro a no olvidar que realmente el miedo es más aliado que enemigo, espero conseguir que no me paralice más.
Un beso enorme, Carmen.

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